Desarrollo Energético

La urgencia de desarrollar los mercados de eficiencia energética requiere introducir tecnologías energéticamente eficientes a través de mecanismos financieros innovadores, como los ahorros compartidos, las empresas de servicios energéticos tipo ESCOs y el leasing.

Por otra parte, la falta de experiencia de la banca comercial -y del sector financiero- en relación con el apoyo crediticio a proyectos de eficiencia energética limitan las oportunidades de negocios en relación con la eficiencia energética. Es más rentable un kilovatio evitado que adicionar un kilovatio al sistema nacional interconectado.

Por ejemplo, entre el año 1990 y el 2000 las compañías eléctricas en la Unión Europea brindaron incentivos a los usuarios para ejecutar medidas de ahorro energético. Estas acciones se financiaron con un impuesto del 2,5 por ciento a la facturación de los consumidores finales como parte de un plan ambiental.

En el caso de Costa Rica la figura del fideicomiso para el financiamiento de desarrollos hidroeléctricos ha demostrado a los pequeños inversionistas que es un producto atractivo en el mercado financiero. Ese mecanismo se utilizó con buen suceso en los proyectos Peñas Blancas y Cariblanco, entonces, porqué no introducir también un nuevo instrumento de mercado para el financiamiento energético: el certificado de ahorro.

Ese mecanismo permitiría que las empresas eléctricas promuevan medidas de eficiencia energética mediante una coinversión con los usuarios finales; especialmente, junto con los macro-consumidores.

Una propuesta de este tipo permitiría que cada kilovatio equivalente de capacidad instalada ahorrada –lo que se conoce como el “negavatio”- pueda recibir un “certificado” debidamente autorizado por las autoridades de los sectores financiero y energético pero que; además, pueda ser transada en el mercado bursátil.

Cálculos preliminares permiten estimar el costo del “negavatio” entre $300 y $500 dependiendo de la medida de eficiencia energética, mientras que un kilovatio nuevo instalado cuesta en promedio $2,000.

En consecuencia, aquellas empresas eléctricas que deseen estimular el ahorro de energía entre sus consumidores pueden comprar -a través del fideicomiso- los “negavatios” que pagan a un costo menor en comparación con la inversión evitada en nuevas plantas de generación.

Los aumentos considerables en la demanda de energía previstos para los próximos años en Costa Rica permiten considerar que el concepto de los “Certificados de Ahorro Energético” se pueden colocar y negociar voluntariamente en la Bolsa de Valores.

Ese paso ofrecería una excelente oportunidad de financiamiento para impulsar los mercados de eficiencia y; además, estimular formas innovadoras de establecer negocios entre el sector público y el privado.

Ing. José María Blanco